Rompiendo en caliente

Por Soledad Gaztambide Arandes | 7 December 2011

Imagen por Gustavo Castrodad

A mediados de noviembre asistí a una conferencia sobre el de cambio climático en el caribe. La misma fue organizada principalmente por agencias federales (Environmental Protection Agency; US Geological Survey; National Oceanic and Atmospheric Agency, Fish and Wildlife Service) y el programa de manejo de zona costanera del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales.

Uno de los comentarios en que me quedé pensado lo dijo Katherine Hayhoe durante su presentación. Dijo que todos somos adictos en negación, indispuestos a romper con nuestro vicio.  Se refería a nuestra adicción al petróleo y a los productos que derivamos del mismo. También me sorprendió un estudio que mostró que el escepticismo del público sobre el cambio climático sigue aumentando a pesar de que la ciencia cada vez más nos afirma que no hay duda alguna. El cambio climático está pasando y es causado por los gases de invernadero (particularmente el CO2) que los humanos echamos a la atmósfera. ¿Será que es más fácil acudir a la negación y a la apatía ante un problema tan grande cuyas implicaciones aún no entendemos del todo, y cuya solución exige un cambio contundente en nuestros estilos de vida?

http://earthtrends.wri.org/

Durante la presentación de Judith Enck, la Administradora de la Región 2 de la EPA (que incluye Puerto Rico), mencionó dos cosas que para mí son esenciales, particularmente en el caso de PR. Primero, antes de hablar de proyectos gigantes de energía renovable hay que hablar de eficiencia y de reducir nuestro consumo. Esto es algo que nos toca a todos, compañías, negocios pequeños, industrias, oficinas de gobierno y hogares. Enck preguntó: ¿Porqué no existe en PR una campaña masiva de educación sobre este tema?

Segundo, expuso que con todo y lo bueno que es un edificio verde nuevo de paquete y certificado por LEED, deberíamos concentrarnos en el retrofit de edificios existentes y el re-uso de nuestros espacios urbanos que ya están impactados.

Otro tema recurrente durante la conferencia fue la generación absurda de basura (el puertorriqueño promedio genera 5 libras diarias, más que el norteamericano promedio) y nuestra bajísima tasa de reciclaje (sobreestimada en 10%). Todo lo que consumimos tiene un ciclo de vida analizable en términos de su huella ecológica y huella de carbón. Nuestros vertederos ya están llegando al fin de su vida útil y la mayoría de ellos están incumpliendo con la ley. Los vertederos producen metano (un gas de invernadero bien potente), que tiene el potencial de reusarse como energía, pero que actualmente echamos al aire quemándolo. En el caso de Puerto Rico, el asunto del manejo de desperdicios sólidos es una emergencia silente, o al menos sin acciones contundentes. Recientemente la EPA organizó un grupo de trabajo para buscar alternativas y el capítulo local del Sierra Club está educando sobre el concepto de “basura cero” y promoviendo la creación de un bottle bill para Puerto Rico. Son iniciativas importantes a las que debemos seguirle la pista y que con el apoyo del público y suerte, puede que logren resultados.

La tercera lección más importante de la conferencia es que el cambio climático empeorará los problemas que ya tenemos. ¿Qué significa esto en términos de política pública? Tomar acciones preventivas y precaucionarias es un win-win. El problema de la basura es un problema económico que afecta la calidad del agua, entre otras cosas. La construcción indebida en zonas inundables y en la zona marítimo-terrestre es un peligro a la población y un gasto para los dueños de propiedad y para el gobierno.  La falta de transportación pública, de infraestructura peatonal y de bicicletas, y el tapón diario presentan un costo a la salud pública y al bolsillo de todos. El hecho de que la época de gasolina y petróleo baratos va a llegar eventualmente a su fin, y el hecho de que nosotros no estamos preparados es una realidad ineludible.  Cuando nos toque enfrentar el desmadre estaremos rompiendo en caliente. ¿Cuál es el tema recurrente? Economía. Si calculamos los costos que tendremos en el futuro para lidiar con los efectos, por lo general sale mejor invertir en mitigar y adaptarnos ahora.

Las proyecciones que escuchamos del aumento en la temperatura promedio y el alza del nivel del mar tienden a ser conservadoras. Los primeros causantes y todavía los más grandes contribuyentes (Estados Unidos y países “desarrollados”) no quieren dar el ejemplo (entre ellos nosotros). Los países cuyas economías están en rápido crecimiento (como China e India) no están dispuestos a ceder su turno en ser los próximos “desarrollados”, porque ellos tienen el derecho a tener todos los carros que quieran y quemar carbón para así proveerle electricidad a los que nunca han tenido.

http://earthtrends.wri.org/

Ante tanta mala noticia, quisimos un cierre esperanzador y se nos hizo difícil.  En el 2007 académicos y científicos hicieron una declaración que todavía anda por ahí, endosada por unos cuantos miles de ciudadanos y profesionales. Son muchas la  reuniones, conferencias y grupos de trabajo organizados alrededor de este tema y sin embargo sentimos que las acciones no están avanzando. El cambio climático, no está en la agenda de Puerto Rico.  Ciertamente Puerto Rico está limitado en sus acciones a nivel de política internacional. Sin embargo, podemos tomar ejemplo de otros estados de Estados Unidos, que ante la falta de compromiso a nivel federal, participan en acuerdos regionales y han comenzado a tomar iniciativas locales. Ya existen herramientas en nuestras leyes y reglamentos que se diluyen por la falta de implementación.

En un país con los problemas de la índole que todos sabemos, el cambio climático está lejos en la lista de preocupaciones de la mayoría de los ciudadanos. No podemos ver cuán interrelacionados están nuestros problemas, y cuanta oportunidad hay en su solución.  Oportunidad para reinventarnos y desarrollar una visión de lo que verdaderamente es calidad de vida.  Oportunidades empresariales dentro de la economía verde que tienen el potencial de generar miles de empleos. Oportunidad de cambiar la visión utilitaria de los recursos naturales que nos ha llevado al punto de tomar por sentado sus servicios y permitir su sobreexplotación.  Oportunidad para dejar de echarle la culpa a otros y comenzar a tomar acciones individuales.  Los que ya conocemos el problema, debemos educar a nuestros compañeros, amigos y familia. Analizar a nuestros potenciales representantes por lo que han hecho o están comprometidos a hacer, para así votar conscientemente. Ser creativos y comprometidos. Usar nuestro poder como consumidores y exigir a través de lo que compramos, o dejamos de comprar.

Yo sufro cada vez que boto algo. Especialmente si no es reciclable o no se recicla en Puerto Rico. Por eso, los otros días llevé mi propio plato a un lugar donde sirven la comida en contenedores de foam. Mi amigo chef se rió de mí y reaccionó como si mi acción fuera un juicio hacia los demás por no ser “tan correctos”. También me recordó que eso “no funcionaría en PR”.  Lo hizo de chiste, movido por el cinismo del cual sufrimos muchos. Mi acto no era un juicio en lo absoluto, más bien una forma de curar mi culpa aunque fuera con una pequeña e insignificante acción. Katherine Hayhoe también dijo que si cada norteamericano cambiase una bombilla incandescente por una fluorescente compacta, sería el equivalente de eliminar la contaminación generada por 7.5 millones de carros. No hay acciones insignificantes. Podemos no hacer nada y condenar a los que vienen a bregar con las consecuencias o asumir nuestra responsabilidad, aceptar nuestra adicción, empezar a rehabilitarnos y ayudar a otros a romper con el vicio.

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Sobre el Autor

Soledad Gaztambide Arandes

Estudió Geografía y Antropología en la Universidad de Puerto Rico y posee una maestría en Planificación y Política Pública Ambiental y Urbana de la Universidad de Tufts en Boston, MA. Trabajó como geógrafa y analista de sistemas de información geográfica en la oficina de Planificación y Ordenamiento Territorial del Municipio de Caguas. Mientras estudiaba fue asistente de investigación, asistente de cátedra en cursos graduados de GIS e investigó el rol de la sociedad civil en la participación ciudadana en la toma de decisiones ambientales en Puerto Rico. Luego trabajó en UPROSE, organización sin fines de lucro en Brooklyn, Nueva York, que promueve el desarrollo sustentable, la justicia ambiental y el apoderamiento comunitario. Actualmente es coordinadora de política pública y relaciones gubernamentales del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico.

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