Dame la mano, Luciano, somos hermanos
Por Suset Laboy | 10 June 2011

Isa y Miguel. Podria entrar en detalles de quien es profesional, quien es joven, quien es de PR, quien es de NY, pero el punto es que ese no es mi punto.
Hace unos fines de semanas atrás, pasé una noche espectacular compartiendo con un grupo de Nuyoricans, de 60-70 años, en una yardita en Loisaida. Pasamos la noche bailando, hablando de nuestras diferencias, y de las dos islas que nos unen y nos separan. Tenía bien presente la carta que Felipe Luciano escribió hace poco mientras interactuaba con mi familia nacida y crecida en NY, en los hoods, en los barrios, entre gangas, enfrentándose al discrimen y a mil vicisitudes que yo no tuve viviendo en la loza, yendo a colegios privados y privilegiada en muchos aspectos.
Cuando primero leí la carta de Luciano, en la cual, entre otras cosas, dice que los jóvenes que venimos de la isla no se llevan, no entienden, y le hacen un daño con sus logros a las luchas de los puertorriqueños y otros latinos en Nueva York, me encolericé y no supe por qué. En la yardita entendí porque Luciano se equivoca. Se perdió el telegrama de que profesionales puertorriqueños, educados y de clase media, hacen familia, aunque a veces disfuncional, con los Nuyoricans en Manhattan. Compenetramos como podemos, diferencias y todo.

Sotero Figueroa-Escritor, reportero, uno de los fundadores del Partido Autonomista de Puerto Rico, y de Club Borinquen en Nueva York
Esta historia de encontronazo de grupos que deberían de “ser” iguales no es nueva. Y me pregunto por qué Luciano no la sabe ya que la vivieron sus abuelos y tatarabuelos cuando primero vinieron de Puerto Rico a Manhattan, como lo hacemos muchos hoy. Para ser claros, los pioneros de la migración de Puerto Rico a los Niuyores eran diferentes y venían por diferentes razones de las que vienen jóvenes profesionales de hoy. Muchos venían por necesidad, otros escapando la persecución de sus afiliaciones políticas, y otros por puro figureo. El punto es que a pesar de estas diferencias entre los jóvenes que emigran de Puerto Rico hoy, y los que emigraban en el siglo 19 y principios del 20, ambos recibieron una bienvenida parecida: de repelillo y crítica por no seguir “las reglas.”

Arturo Schomburg-Historiador, escritor y activista que también fue figura importante en el Harlem Renaissance
Según Winston James, en su libro Holding Aloft the Banner of Ethiopia, las ondas migratorias de la última década del siglo 19 y las primeras tres del siglo 20 trajeron del Caribe muchos hombres educados, con conciencia política, radicales—hombres que habían combatido los problemas de diferencias sociales en el Caribe. En esa ola vinieron hombres como el puertorriqueño Sotero Figueroa, que luchó por la independencia de Puerto Rico desde las trincheras en Nueva York, y Jesús Colón y Arturo Schomburg, puertorriqueños que se unieron a la lucha de raza una vez en los EE.UU. Estos salieron de sus islas caribeñas educados con conceptos claros de clase y las diferencias sociales en Puerto Rico, y llegaron a las isla de Manhattan para buscar mejores rumbos. Estas figuras sabían un bledo acerca de diferencias raciales y de lo que era ser puertorriqueño en Nueva York. Esta ignorancia terminó ayudándolos a enfrentarse a las diferencias raciales que desconocían, pero desde un nuevo ángulo. Primero, pasivamente consiguieron trabajos y puestos que otras minorías en la ciudad no se atrevían a pedir (¿Les parece conocido?) y luego, mientras más vivían la realidad de La Gran Manzana, luchaban con el activismo de piso que tanto Luciano celebra.
En ese entonces estos puertorriqueños eran también cuestionados y abucheados por los grupos que ya estaban en los Estados Unidos. Los tildaban de irreverentes y atrevidos, de no luchar por mejorar el estatus de los suyos de la manera pautada por los activistas de aquel entonces. Aún así, sus luchas ayudaron a muchos. Estoy segura que Luciano estaría de acuerdo. Quisiera pensar que el puertorriqueño que viene de la isla hoy en día pasa por un proceso similar.

Jesus Colon-Escritor. Creció en Cayey escuchando a las politicas de tabacaleros detrás de su casa. El padre del movimiento literario "Nuyorican Movement"
El decir que el puertorriqueño llega y escala ciegamente sin mirar hacia atrás o a sus lados es ignorar y burlarse de esa larga historia migratoria que vivieron muchos alrededor de Luciano. Sugerir que solo hay una manera de hacer cambio desayuda a todos los latinos en los EEUU. Señores, hay muchas maneras de luchar. Si alguna vez has tratado de pelar una china, sabes que igual le pelas o la cortas por la mitad y te la chupas. Lo mismo pasa con los métodos para avanzar a los nuestros en este país que no es de nadie.
La realidad es que una vez tocas piso en los EEUU, ya no eres el mismo. Si bien le huías al Nuyorican cuando primero tocaste tierra, aterrado por los Bernardos que te van a sacar la navaja a la West Side Story, mientras más tiempo pasa, más te llevas y te quieres llevar con “el otro” (que dejó de ser otro). Empiezas a cambiar y con eso cambia como te identificas y luchas por mejorar tu situación y la de los tuyos. De hecho, quien consideras tuyo cambia también. Si bien jamás y nunca me hubiese identificado como “boricua,” el termino tan utilizado por muchos Nuyoricans, cuando primero llegué a los Estados Unidos hace 13 años, hoy en día se juntan las palabras “puertorriqueña”, “boricua”, “de Puerto Rico” cuando alguien me pregunta de donde soy.
El limbo no me molesta. Si algo, informa cada decisión que tomo, y cada paso que doy. Por lo que cuando consigo mi trabajo de clase media o clase alta, estoy consciente de que puedo abrirle camino a todos los puertorriqueños en los EE.UU. I mean, vamos a ser francos, una persona fuera de la comunidad puertorriqueña y la latina no se va a poner a analizar si eres puertorriqueño de la isla o del carajos (o si eres mexicano o venezolano). Si te ves, suenas, te identificas, te mueves como boricua, eres boricua. Entonces, ¿a qué se refiere Luciano cuando dice que estamos haciéndole un deservicio al puertorriqueño cuando tomamos posiciones buenas por nuestra educación? Yo quisiera pensar que le estoy abriendo camino a otros latinos.

Escena de 'In the Heights.' El tema de identidad boricua y latina en NY es palpable en toda la obra.
Siempre recuerdo un anécdota de cuando fui paralegal en Nueva York. Estaba acabadita de salir de la universidad. Como parte de las actividades pro-bono de la firma, un grupo de estudiantes visitó nuestras oficinas por una semana para hablar de carreras futuras. Creo que la experiencia de los Nuyoricans en ese grupo no hubiese sido la misma si no hubiese habido otros boricuas, igualmente fuera de sitio, trabajando en esas oficinas. Nunca me olvidaré de la niña boricua, Nuyorican, que me dijo, “I’d love to be an attorney, but my dad says I’m too stupid and that it’s not a good idea.” Para cuando me reveló esto, ya nos habíamos hecho amiguitas, y tal vez por eso se me salió bien facilmente el “Bullshit,” mi reacción al comentario de su papá. Me disculpé por la palabrota y abundé en porque pensaba que su padre estaba efectivamente lleno de mierda. Quisiera pensar que Luciano estaría de acuerdo conmigo cuando digo que la que desayudó a esa niña no fui yo. También quisiera pensar que nuestra conversación tuvo un efecto, cuan pequeño, en mi prima Nuyorican y que generó un cambio, más sutil que el que hubiese generado activismo de piso, pero cambio positivo de todas formas.





