Desentramados: capítulo 1
Por Luis Trelles | 1 May 2011
Escribí un blog del 2005 al 2007 que se llamaba ¨Desentramados¨. Al principio no eran más que reseñas de cine que publicaba bajo el seudónimo de Rafael Plazaola. Escogí escribir con seudónimo porque en aquel entonces los pocos blogueros que había en la isla usaban nombres cibernéticos como Saoco, La Ínsula Hirsuta y El Invader. Los que integraban esta comunidad no pasaban de ser unos ¨trolls¨ incipientes, que patrullaban la blogosfera del patio en busca de otras bitácoras en las que podrían sembrar discordia. Teniendo eso en cuenta, usar seudónimo le quitaba un poco de angustia personal a comments que a menudo leían: ¨escríbete un blog sobre lo mierda que eres como escritor, cabrón¨. Sin embargo, la retroalimentación inmediata que el medio proveía me enganchó. Una cosa bastante rara empezó a pasar unos meses después: empecé a escribir pequeños cuentos en primera persona que intercalaba con las críticas de cine. Se trataban más bien de tecatería y desaventuras amorosas en San Juan. En realidad parecían un ¨teen movie¨ sobre treintones en crisis de mediana edad prematura. Para mi gran sorpresa, la gente que leía el blog empezó a pensar que los cuentos eran verdad, y que Rafael Plazaola se estaba deshaogando en su blog.
Poco a poco una trama comenzó a emerger: a Rafael Plazaola lo había dejado la esposa, que el llamaba ¨Sherezade¨, y para desquitarse tuvo un maratón de tecatería con un pana de la universidad que duró una semana. Al cabo de la semana Plazaola no recordaba qué había hecho con el carro de la mamá de su amigo. Él está en recuperación en casa de sus padres -y se sabe lo absolutamente miserable y deprimente que es regresar a casa de los padres después de viejo- mientras trata de hacer memoria para recuperar el carro, ya que lo están demandando por haberlo perdido. Así surgió la bogo-novela en la que se convirtió ¨Desentramados¨. Después de un año no tuve las fuerzas para seguir escribiéndola, ya que demasiada gente estaba entrando al blog pensando que Rafael Plazaola existía y que, además de necesitar ayuda siquiátrica inmediata, había que encontrarlo, ya que a varios lectores y cibernautas les pareció que estaba muy cerca del suicidio. Me enviaban correos electrónicos con los contactos de Mepsi Center, Centros de rehabilitación en Florida, y demasiados mensajes que leían: ¨la salvación es Cristo, solo él te puede sacar del vicio.¨ Decidí salir del seudonimato y revelé que Rafael Plazaola no existía. El resultado fue que los mismos que antes querían salvar a mi personaje por pensar que era real ahora me tildaban de enfermo y obsceno. Así las cosas, la blogo-novela quedó inconclusa. Con el lanzamiento de El punto es.., un proyecto que está lleno de escritores, periodistas, fotógrafos y diseñadores a quienes respeto mucho, pensé que quizás había llegado la hora de darle otro lanzamiento a ¨Desentramados¨ con la idea de finalmente acabar una historia a la que le hacía falta un final. En todo caso aquí va: la saga de Rafael Plazaola en la balsa del desencanto que puede ser Puerto Rico.
Capítulo 1
El lamento de Portnoy
Diciembre 23, 2006
Esta bitácora es producto del insomnio, del aborrecimiento, del hecho que en tres semanas cumplo treinta años de haber nacido y dos de haberme casado. Bienvenidos y que conste que quedan avisados, es decir, como no tengo dinero para un psicólogo he decidido que el blog será la alternativa más módica para llevar a cabo mi terapia.
Siete largas noches de exilio en el futón de la sala han dejado un saldo nefasto. Tengo la espalda jodida, un dolor de cabeza de siete pares y un despingue emocional que no estoy cerca de resolver. Creo que Sherezade está harta de mí. A estas alturas el sentimiento es mutuo. Estoy leyendo la novela Portonoy´s Complaint de Phillip Roth a cuenta gotas. La queja constante de Sherezade, de que crezca de una puta vez y deje de ser un niño en animación suspendida, me retumba en la cabeza y dificulta la lectura. La novela se cuenta a través de un monólogo del personaje principal, un judío americano con serios issues sexuales. No sabe cómo bregar con la tensión que existe entre sus impulsos libidinosos y los sentimientos encontrados que tiene hacia su familia. La situación es la misma siempre, el protagonista le suelta su triste letanía al terapista que lo atiende.
Hay una frase que repite y que ahora no me puedo sacar de la cabeza, como una tonada pop terriblona que uno no acaba de tararear nunca, un ear worm que te come el oído primero y termina por acabar con el cerebro: ¨Please doctor, tell me please, what should I rid myself of; the hatred… or the love?¨.
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