Cuando las gallinas hacen pipi
Por Maricruz Badía | 1 May 2011
Todo está en orden divino, así que, “¡Mami respira!”
Esta nota de Cuando Las Gallinas Hacen Pipi está dirigida a padres contemporáneos, aquellos a punto de serlo y para los que quieren ser, sin distinción de tipos, colores o sabores. Mi nombre es Maricruz, nací y me crié en el área metropolitana de Puerto Rico. Llevo ya más de la mitad de mi vida en los Estados Unidos, y desde los últimos 12 años vivo en el condado del Bronx de la ciudad de Nueva York. Soy la mamá de Omar Hassan, un nene de 7 años. Vengo de una generación de padres que no hace mucho éramos niños. Me ha tocado ser madre en una era muy diferente a la de mis papás, a través de experiencias muy distintas, y como muchos otros al estar lejos de mi familia y amistades, estoy criando a Omar a través de comunidades virtuales.
Soy de una generación de padres cubiertos de tatuajes, en la cual es admirable y muy común ganar el sustento como artista o utilizando nuestros dones creativos. Nuestros mejores amigos son tías y tíos de nuestros hijos. Nuestros hijos, a los cuatro años, conocen de temas y entienden cosas que nosotros vinimos a entender en la adolescencia; somos unos nenes de teta en comparación a ellos.
Las familias de mi generación tienen muchas configuraciones: mamás solteras, papás solteros, dos mamás, dos papás, custodia compartida, papá cuida a los hijos y mamá trabaja, diferentes mezclas raciales, culturales, religiosas, agnósticas, ateas, políticas, etc. En muchos casos nuestro estilo de crianza es muy diferente al de nuestros padres. Muchos enviamos a nuestros hijos a time-out para que “reflexionen sobre sus acciones”, o somos de la idea que a los niños hay que escucharlos en vez de mandarlos a esperar a que las gallinas meen para poder hablar. Como padres muchas veces estamos inventándonos el camino al andar, y por ende a veces andamos con un zendo conflicto mental.
Si se sienten identificados, lamento informarles que esta nota no les va a ofrecer el método correcto de cómo criar a sus hijos. Mi intención tampoco es ofrecerles consejos. A través de estas letras virtuales comparto mis inquietudes, anhelos y victorias como la mamá de Omar Hassan. Mi experiencia como su madre por los últimos 7 años me ha enseñado que lo que funciona para Omar y para mí no va a funcionar para todas las familias. No creo que exista una forma “correcta” para criar; no creo en los absolutos. Creo que cada padre o madre tiene las respuestas para sus preguntas existenciales y de cómo debe criar a sus hijos, esté al tanto de esto o no. Creo que cada niño y cada padre o madre tienen necesidades particulares. Sin embargo, en mi opinión, cada familia tiene la mezcla perfecta para sus integrantes.
Aunque nos queramos matar o vivamos en un hogar utópico, estemos en nuestras vidas por un tiempo breve o una eternidad, estemos relacionados biológicamente o no; soy de la idea de que nos escogemos, nos pertenecemos los unos a los otros, y por ende tenemos a nuestra disposición todo lo necesario para descifrar nuestras preguntas.
Omar Hassan llegó sin manual y muchas veces me he jalado los pelos intentándole explicar temas que ni yo misma comprendo. Lo que he aprendido como madre ha sido en el camino. No soy perfecta, y aún cuando temo que mis errores lo puedan afectar, siempre recibo una confirmación que Omar es un ser estupendo y todo está en orden divino. Lo que me permite dormir por las noches es la certeza de que Omar escogió a su papá y a mí como sus padres por todas las experiencias buenas y particularmente las difíciles que le vamos a proveer a través de su vida. Si termina en la oficina de un sicólogo discutiendo su relación conmigo, de seguro esa fue una de sus intenciones al nacer a través de mí.
A los 4 años de edad Omar me dijo, “Mami, hice un buen trabajo al escogerte como mi mamá.” Desde ese momento estoy convencida de que escogemos a nuestros padres antes de llegar a nuestras vidas para que nos provean de las experiencias que nos van a llevar a aprender algo importante y esencial sobre nosotros mismos. Con eso en mente, cuando la cosa con Omar se pone bien sabrosa, sólo recuerdo que todo está en orden divino y lo único que tengo que hacer es recordar lo que Omar me dijo a los 3 años cuando le estaba gritando para que saliera de la bañera, “¡Mami respira!”.
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