Cogiendo la guagua: Juan Carlos Morales
Por Jesús Miguel del Valle Vélez | 25 October 2011
http://www.youtube.com/watch?v=QieHs9PWbhY
Juan Carlos Morales
Profesor de actuación /Director de JC Actors
Hace seis años tomé un avión que me mostraría Madrid. Si bien es cierto que conocí la ciudad en el 2002 esta vez se convertiría en mi casa por un año, o al menos eso pensé al principio. Ya ha pasado más de un lustro y aquí sigo, con el olor a tabaco, el aire seco que me cuarteó los labios una semana, el andar arriba y abajo en metros y autobuses. La primera vez, al igual que ésta, llegué solo y aún no estaba curtido en lo engañosa que puede ser una ciudad. En aquella ocasión un taxista dicharachero y amable me llevó hasta el hotel en el cual pasaría una noche antes de irme a Toledo donde haría un curso de verano. Para mí, recién nacido al euro, todos esos billetes de colores me parecían más del Monopoly y cuando me pidió 75 euros por la carrera desde el aeropuerto se los extendí gustoso. Luché con la gigantesca maleta seventies (Aún no existía el vintage, así que me veía francamente ridículo con ella) de cuero marrón y rueditas desequilibradas que me endilgó mi madre de su primer viaje a Europa, cuando aún yo era un óvulo viajero. Cuando pude llegar al vestíbulo del hotel me di cuenta de la estafa: ¡75 euros por un paseo en taxi! ¡Maldito taxista de los cojones! A pesar de esto la ciudad me encandiló, pero entendí que de vez en cuando no viene mal tener cara de mala leche.
En la segunda ocasión, al igual que a Juan Carlos Morales, fue el teatro quién me trajo a Madrid. Mi amiga Aurora, una madrileña-andaluza-cántabra que conocí en la Universidad de Puerto Rico, me metió el gusanillo de venirme aquí a estudiar en la RESAD, la escuela de actuación más importante de Madrid, y si me apuran, de España. Al final seguí otro rumbo, pero Juan Carlos sí realizó sus estudios en la RESAD, allá por los ochenta, cuando Madrid era pura ebullición, y Mecano y Miguel Bosé eran la cara más pop de la cultura.
Juan Carlos vivió intensamente esos años entre clases de actuación y fiestas en las que Bibí Andersen y Almodóvar hacían las delicias del personal. Al igual que la movida se acabó, también acabó esa temporada de exploración y aprendizaje para Juan Carlos y regresó a Puerto Rico, con la espinita de volver. En el 2002 la vista de Madrid desde el cielo le volvió a dar la bienvenida.
Desde que abrió la puerta de su escuela de actuación, un luminoso estudio en el castizo barrio de Hispanoamérica en el centro de la ciudad, su perrita Lola no nos perdió ni pie ni pisada. Entre jugueteos con Lola y las tareas propias que conlleva dirigir un negocio propio, que comparte con su marido Rafael Martínez, profesor de aero yoga, llevamos nuestra conversación.
Juan Carlos Morales lleva 10 años en Madrid. Este es su segundo ciclo en la ciudad. En el 1981 “Madrid me enganchó desde el aire, al verlo dije, llegué a casa”. Luego de acabar su carrera en interpretación actoral en la RESAD, no es hasta el 2002 que vuelve a Madrid. Entonces lo trajo el proyecto de la película Agua con sal, la cual trata sobre la inmigración y la vida en condiciones de trabajo precarias. Esta película estrenada en el famoso festival de cine de San Sebastián, en la cual fue coprotagonista junto a la actriz cubana Yoima Valdés, fue la ficha de paso de nuevo a Madrid. Al principio se lo tomó como un año sabático, que se han convertido en diez. Esta ciudad es ahora su primer hogar.
La conversación fluye, saltamos de tema en tema. Le pregunto por el teatro en Puerto Rico. Sin reservas me dice que la clase actoral boricua es de primera, pero que desafortunadamente muchas producciones son poco arriesgadas ofreciéndole al público en ocasiones divertimentos fáciles con tintes comerciales. A esto se le suma el problema del relevo generacional. Le da la impresión de que no se le está dando espacio al nuevo talento, lo cual podría desembocar en un teatro ausente de público y, por consiguiente, desaparecer. Sin embargo sabe que hay gente que apuesta por la calidad y el buen trabajo, lo cual le da esperanzas.
¿Y el teatro en Madrid? El panorama no es más halagador, le parece acartonado, poco arriesgado, con falta de aires renovados, en parte debido – según Juan Carlos – a una cierta incapacidad de mirar hacia afuera y a que en gran medida el teatro en España está subvencionado, y cuando el gobierno paga y da seguridad, no es necesario asumir riesgos. Ante la crisis actual y el retorno a la derecha en España, que amenaza ya con recortar aún más dinero en cultura, quizás se planteen nuevos retos para el teatro español. Ya veremos pero para Juan Carlos, en cuanto a cultura, no hay comparación con los 80, y que a pesar de la crisis “éramos más naif”. En el teatro constantemente se presentaban nuevas propuestas, era un aire fresco y de creación constante. Los gobiernos posteriores a esta época no han ofrecido las condiciones para que algo como eso se repita.
Tanto en Puerto Rico como ya establecido en Madrid, además de su carrera como actor, siempre ha enseñado. Es un apasionado de la pedagogía teatral. Al principio daba entrenamientos desde casa, pero sus alumnos fueron aumentando y fue necesario tener un local. “Tardé dos años en encontrar el local, alquilaba salas como en El Horno y ahí daba mis clases mientras encontraba el espacio”. Eventualmente encontraron el estudio que les permite tener la escuela de teatro y el estudio de yoga de Rafael como un solo concepto empresarial. Ya llevan 3 años en el local. Reconoce que es verdaderamente una tarea titánica abrir un negocio en España: requiere mucho papeleo y sacrificios, pero está rindiendo frutos.
En su escuela de actuación JC Actors, Juan Carlos ha desarrollado el método Neuro Acting. “Hace como seis años empecé a investigar sobre el funcionamiento del cerebro, la PNL (programación neurolingüística), y la neurociencia aplicado a las emociones y empecé a desarrollar un sistema de trabajo para aplicar esos conceptos a la actuación. Trabajo con la mente del actor consciente a través del concepto de la ley de repetición que convierte la emoción o las características del personaje en un reflejo condicionado. Esto le permite al actor (luego del proceso de creación del personaje) acceder a las emociones sin pasar por la memoria personal del actor. Hace que el trabajo del actor sea más orgánico partiendo del entrenamiento del cerebelo – que se encarga de las respuestas físicas, los músculos y los movimientos automáticos – sin tener que pensar en la emoción. En un mes puedes construir el personaje trabajando el torso, el timbre y la máscara. La idea es crear conexiones neuronales a través de la repetición para que el actor llegue al personaje sin pasar por las emociones propias o el fondo psíquico personal. Es una construcción física del personaje a través de las seis emociones básicas, pues el cerebro no entiende lo que es real y lo que no, por lo tanto partiendo del control de la respiración y llevándolo a las otras partes del cuerpo se puede llegar a la emoción buscada.”
Le pregunto si va con frecuencia a Puerto Rico y si cuando visita también trabaja. “Voy una vez al año. Antes daba algún taller, pero ya sólo voy a descansar, ahora voy a comer mucho lechón, morcilla, voy a la playa y estoy con la familia. A Rafa le encanta Puerto Rico, de hecho estamos comprando una casita en la playa”. No pudo evitar preguntarle qué le sorprende cada vez que vuelve a la Isla y comenta “La inseguridad. Antes parecía que había unos paréntesis dónde pasaban cosas, pero ahora tienes la sensación de que puede pasar en cualquier sitio. Rafa dice, sobre las tasas de muertos por criminalidad, que es una guerra, eso me da mucha pena”.
Le pregunto qué es eso de ser puertorriqueño en España: “No me he sentido en ningún momento inmigrante, ni fuera de lugar, ni nada, todo lo contrario. Siempre me he sentido muy integrado a la cultura española, no pasa lo mismo con otros amigos de otros países latinoamericanos, no se por que. Madrid se ha convertido en mi primer hogar. Me siento feliz cuando camino la ciudad con Lola; ver a la gente, ir al mercado y reírme con las señoras haciendo la compra. Es una ciudad que me hace sentir muy cómodo y muy feliz.”
Ante esa comodidad que siente en Madrid, le pregunto qué es ser gay en España. Se lo pregunto como contraste con la Isla y sobre todo por los asesinatos a personas gay que trágicamente han aumentado en las últimas temporadas. Reconoce que sabe lo que es la homofobia, pero sobre todo porque la ha visto. “Yo se lo dije a mi familia a los 15 años y no he sentido homofobia ni en Puerto Rico, ni aquí. No se si es que he tenido la suerte de tener una familia muy abierta, pero estoy hablando de mi caso, pues en la calle sí que lo he visto, no se si por causa de la misma violencia de la sociedad. De hecho un chico que trabajó para mi de utilero fue asesinado.” Los dos respiramos profundo. Compartimos experiencias propias y de amigos. Juan Carlos no oculta que es gay pero lleva su vida con la tranquilidad e intimidad que todos merecemos.
Para acabar le pido que me diga dos lugares secretos para él en Madrid: “Sentarme en el Templo de Debod, en la parte de atrás. Me encanta, es un éxtasis, una maravilla. Ves el suburbio, la Casa de Campo y luego irme al Café de la Ópera donde me encanta tomarme un café solo.








