Asuntos pendientes
Por Sorely Muentes | 23 June 2011
Dejó asuntos pendientes para cuando regresara. Hoy en la sala de espera se tomó una cerveza a eso de las diez de la mañana. Entre sentimientos de aventura, tristeza y ansiedad, esperó el atraso del vuelo 702 a New York, destino de su nueva casa. No porque el destino la empujó a eso, sino por retar al destino.
Como buena puertorriqueña había tenido una caravana de despedida, caravana que estuvo dispuesta a esperar parte de ese atraso junto a ella. Que no abandonaron la puerta de embarque hasta que el minúsculo reflejo en el horizonte de ella no se pudiera divisar más, y ahí comenzó la nueva aventura.
Se pegó a la ventana para poder ver el despegue, poder ver la costa de Piñones en un día claro, sin nubes y ahí poder decirle adiós, hasta pronto: a la islita, a la familia, a los amigos y los problemas que se quedaron allá. Despegada y con una mirada más tranquila se acostó y durmió todo el vuelo, tal vez porque estaba cansada por no haber podido dormir la noche anterior o tal vez porque quería descansar para estar lista para su nueva etapa.
Ya anunciado que en treinta minutos aterrizarían, se levantó, se puso humectante de labios y se preparó. Pensé que ahí sería el momento para poder hablarle y decirle que todo va a estar bien, que la ciudad puede ser solitaria y que la gente puede ser grosera a veces, pero que no tuviera miedo de estar sola y que aceptara mi número telefónico para que me llamara las noches que no se sintiera bien.
Pero los aplausos al tocar el piso el avión, y la euforia boricua de que llegamos, de que hay que bajarse todos a la vez, no dejaron que alcanzara a pasarle mi número. En el avión ella esperó a que la gente pasara, y yo pasé. De camino a buscar las maletas caminé lento para poder alcanzar su paso. Se metió al baño y casi cuando pensaba que no podría retar al destino, que no podría pasarle mi teléfono, que hoy no sería posible, esperé. Al salir del baño sonrió desde adentro, nos miramos y ahí la sonrisa se hizo más grande. Pero esa sonrisa no era para mi. En menos de un parpadear de ojos, la chica se abrazaba fuertemente, como en cámara lenta. Se besaron y yo esperé mis maletas.






